El triste día en que Chile supo que era campeón del mundo

El triste día en que Chile supo que era campeón del mundo

“Somos el mejor país de Chile”. Esa es la frase que actualmente se repite con orgullo y que incluso los extranjeros -luego de entender el humor que esconde esa frase-, dicen cada vez que se les pregunta por Chile, casi como un amor adquirido por la tierra de Violeta.

Actualmente Chile “está de moda”. Nuestras exportaciones “no tradicionales” en el mundo del deporte y el espectáculo han puesto a Chile en el mapa. También nuestra peculiar gastronomía que enamora al instante.

Muestras de ello son Pedro Pascal en Hollywood, Stephanie Vaquer como “La Primera” Latinoamericana en convertirse en Campeona Mundial de WWE, Christiane Endler considerada una de las mejores arqueras del mundo, Diego Céspedes, joven director que integra el jurado de Cannes; y un largo etcétera.

Sin embargo, por décadas al chileno se le instaló el discurso de que “si es chileno es malo” o los eternos “triunfos morales” para justificar las derrotas a último momento que impedían saborear el triunfo. Parecía que Chile sólo era conocido por los terremotos, los vinos y sus paisajes.

Si bien, una generación vivió viendo esas derrotas, hubo otra que nació viendo a Marcelo “Chino” Ríos como N°1 del mundo, a Gabriel Osorio obtener el primer Oscar para Chile por “Historia de un Oso” y a Alejandro Aravena ser galardonado con el Premio Pritzker, considerado el Nobel de Arquitectura. Sólo por nombrar algunos “The Best”.

Pero hubo una fecha en que esas dos visiones se encontraron: 28 de junio de 2014.

 

El triste día en que Chile puso de rodillas a un campeón del Mundo

El 28 de junio de 2014, Brasil y Chile se enfrentaban en octavos de final en el Mundial de Brasil.

Los dirigidos por Jorge Sampaoli habían humillado a España, por ese entonces los campeones del Mundo, eliminándola en la fase de grupos, por lo que los chilenos eran mirados con respeto. Era una de las selecciones que podía dar la sorpresa.

En la previa del mundial, la prensa chilena les preguntaba a los jugadores cuáles eran sus expectativas para esa Copa del Mundo. “Ser campeones del Mundo”, decía Arturo y Alexis sin titubear y con una convicción que provocaba incredulidad en una parte no menor de la hinchada, acostumbrada a que tarde o temprano llegaría la derrota, sumado a que históricamente La Roja había sido eliminada por su “bestia negra”: El Scratch.

Pero en la mente de esta nueva generación de futbolistas el ser campeón era una realidad. Con justa razón: hace años que jugaban en la elite del fútbol mundial, siendo titulares en sus respectivos clubes y referentes para millones de fanáticos, por lo que levantar trofeos no era algo ajeno. Era la norma.

Esa tarde la tensión en el Estadio Mineirão en Belo Horizonte se sintió desde el primer minuto, ya que ambas escuadras buscaban romper sus propias maldiciones. Mientras La Roja luchaba por no ser eliminada por su “bestia negra”, los dirigidos por Luiz Felipe Scolari buscaban romper la maldición del Maracanazo y por fin levantar la Copa del Mundo en su propia tierra. Algo que se le había negado hace más de medio siglo.

Las emociones se apoderaron de la cancha del Mineirão. Mientras Gary Medel lloraba al no resistir más el dolor de su pierna desgarrada, Neymar estaba arrodillado rezando para que no fueran eliminados por Chile.

Si bien, Chile quedó eliminado en la tanda de penales, previamente todos los chilenos y chilenas contuvieron el aliento y fueron conscientes de que todo era posible, incluso ganar un Mundial.

En el minuto 119, Mauricio Pinilla remató desde fuera del área y el balón que podía darle el triunfo a los chilenos se desvió unos centímetros pegando de lleno en el travesaño. “El Palo de Pinilla” fue una de las jugadas más icónicas y a la vez más dolorosas en el fútbol chileno.

Tras la derrota, esa nublada tarde de sábado se llenó de tristeza y frustración. No solo por la derrota, sino porque todo Chile se dio cuenta de que el triunfo era posible. Incluso que Chile merecía ganar. Algo impensado décadas atrás. (Brasil, por su parte, sería humillado tras caer 7-1 ante Alemania)

Lo que Alexis, Arturo y Claudio decían sobre “ser campeones del Mundo” no era una metáfora. Era real. Brasil era el gran escollo a superar. Los rivales siguientes eran totalmente abordables y llegar a la final de un Mundial no era imposible.

 

Siempre hemos sido “el mejor país de Chile”

Con el dolor de la derrota, esa tarde los jugadores pactaron en el camarín del Estadio Mineirao que serían campeones de la Copa América, la cual se jugaría el año siguiente en Chile. El pacto se quedó corto, ya que ganaron no una, sino que dos veces la Copa América e incluso “retiraron” momentáneamente de su selección al mejor futbolista del mundo.

Ese sábado 28 de junio, las visiones del Chile apocado, de “triunfos morales” y segundos lugares, se encontró con esa generación que ya venía comiéndose el mundo.  Esa generación joven le enseñó al resto del país que el “Palo de Pinilla” no fue el “casi algo”, sino que la muestra de que hace rato algo grande se viene gestando.

Esta nueva generación ha permitido revalorizar lo que ya somos y que a lo largo de nuestra historia esta tierra ha gestado hace mucho tiempo grandes campeones y referentes, tales como Violeta Parra, Iván Zamorano, Humberto Maturana, Raúl Ruiz, Gabriela Mistral y una larga lista.

Ya éramos los mejores, siempre lo habíamos sido, sólo que no nos habíamos dado cuenta.

Siempre hemos sido “el mejor país de Chile”.